EJERCICIOS
ESPIRITUALES
Para ver la
mirada de Dios
Santuario
de Nuestra Señora de Regla
Chipiona,
Cádiz
16,17
y 18 de marzo de 2018
Dirigidos
por el P. Andrés Muñoz Luque
Hemos vivido una experiencia asombrosa,
impresionante, sobrenatural,… de la mano de María Inmaculada hemos
experimentado la mirada de Dios que contiene
toda la Buena Noticia del Evangelio.
La clave del silencio (Viernes 16,
20:20 h.)
Tras
la acogida y el reparto de habitaciones comenzamos con una reunión
introductoria de los Ejercicios. El P. Andrés presentó el silencio como la clave para aprovechar al máximo este día y
medio de retiro. En el silencio es
posible escuchar a Dios con claridad. Silencio exterior y silencio interior.
Silencio exterior para crear un ambiente favorable para la oración. El silencio
exterior prolongado también a las comidas ha hecho posible seguir aprovechando
al máximo las ricas meditaciones.
Silencio interior para entrar en la casa de
Dios y conversar con Él. Hay que hacer silencio de toda preocupación exterior,
porque no venimos a resolver problemas. El
objetivo es escuchar a Dios, unirnos a Él y abiertos a lo que Él quiera.
Acercarnos al sagrario y pedirle que entre en nuestros corazones. Que
salgamos de los Ejercicios sobre todo con la experiencia de haber estado con
Dios, aunque también podemos descubrir alguna propuesta de conversión.
Las
meditaciones impartidas por el P. Andrés Muñoz en la Capilla han ayudado a
entrar en la dinámica de los Ejercicios. Han sido algo más que una charla o que
una clase, han sido orientaciones para facilitarnos
hablar con Dios, nos han ayudado a meditar, han sido ya meditación. Las
intervenciones del P. Andrés en la Capilla han puesto en el centro al Señor
como protagonista de la meditación. Este día y medio ha sido también una
oportunidad para el descanso, para el descanso en el Señor, poniendo el corazón
ante el Sagrario, sin quedarme nada, sin miedo a lo que él nos pida. Que el Señor pueda entrar en nuestro
corazón, con la confianza de un niño, para estar con Él y entregarnos a Él.
Cuando
nos retiramos del ruido del mundo, en silencio, ganamos una nueva perspectiva
sobre el ruido del mundo.
Descubrir el amor que Dios nos
tiene. (Viernes 16, 22:00 h.)
Hemos iniciado los Ejercicios
Espirituales reconociendo el inmenso amor que Dios nos tiene y que quiere
hacernos santos. El encuentro total con Cristo te transforma completamente
porque te vacía de ti y te llena de Dios.
Descubrir
el amor que Dios tiene a todos los hombres. Cada uno de nosotros somos reflejo
de Dios, reflejo de la impronta divina. Dios se enamora de su creación y le da
el mayor don: la libertad. Amar y servir a Dios. Mi máximo ideal es amar y servir a Dios, cumpliendo el primer
mandamiento: Amar a Dios más que todo. El mandato del amor nos lleva a
identificarnos con Él. Todos estamos llamados a la santidad. Dios quiere para cada uno de sus hijos lo mejor:
la santidad. La santidad es vivir en comunión con Dios. La felicidad humana
es la santidad. El sentido de la vida es la santidad. La voluntad de Dios es tu
santidad. La santidad es la perfección de la caridad. La santidad no es una
obligación moral, es consecuencia del misterio de la Iglesia. Hemos sido
creados para ser santos.
Hemos iniciado los Ejercicios
Espirituales reconociendo el inmenso amor que Dios nos tiene y que quiere
hacernos santos.
Tenemos que desear, querer ser santos y creer que podemos serlo. Alejarnos de
la mediocridad. Dar espacio a Dios. Tener hambre de santidad para conocer y
hacer propios sus sentimientos, sus pensamientos, sus deseos. La santidad no depende más que de mi deseo
y de la gracia de Dios. Las circunstancias de la vida pueden ser
aprovechadas para la santidad. Sólo puede impedir la santidad el pecado y el
demonio. Que no nos falte cada día la comunicación con Dios.
Aceptarnos a nosotros mismos, un
inmenso deseo de santidad y apoyarnos en la gracia de Dios. Identificarnos con la voluntad de
Dios. ¿Cuán es la voluntad de Dios?: “escucha Israel”. Acudir al Señor con
frecuencia, formarnos bien y vivir la caridad. Vivir el momento presente es el
camino más sencillo para la santidad llenándolo de amor. Dame luz y fuerza para
vivir mi vocación a la santidad. “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios, es
solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda tu alma,
con todas las fuerzas. Las palabras que te digo se las repetirás a tus hijos y
hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado.” Dt
6,4-7. Que tu amor y tu misericordia dirijan nuestros corazones, Señor, ya que
sin tu ayuda no podemos complacerte.
Prometo tratarte muy bien y darte lo
mejor. (Sábado 17, 10:15 h.)
El proyecto que Dios soñó para ti cuando
te creó es que seas santo.
Estar
atentos a lo que Dios nos diga. Liberarnos de todo lo que nos impide acercarnos
a Dios. El diseño que Dios tiene para nosotros es que seamos santos. El proyecto que Dios soñó para ti cuando te
creó es que seas santo. La libertad es el don para vencer las tentaciones y
para vencer el pecado. Contemplar nuestro pecado. La batalla se libra aquí, en
el mundo y esta guerra sólo se acaba cuando termine nuestra vida. Tenemos una
herida que nos tiende al pecado. Drama existencial de San Pablo: lo bueno que
quiero hacer no soy capaz, y lo malo que no quiero hacer es lo que hago. El
pecado es un hecho, es un hecho histórico, tenemos un “curriculum” de pecado. El
drama de nuestro tiempo es la pérdida de la conciencia de pecado. Aprender a
reaccionar ante las tentaciones y contemplar nuestro pecado en paz, sin
escrúpulos. Ver nuestra historia de pecado,
ver qué es lo que de verdad me separa de Dios, lo que me impide tener vida de
santidad. Que nos dé el dolor de amor y que fortalezca para no ofenderle más.
Te duele porque le amas, porque reconoces su sufrimiento para ganarnos para el
cielo. Mi arrepentimiento es fruto del
amor que Dios me tiene.
Hijo
pródigo: “parte a tierra lejana” y el padre le espera en la casa, con la casa
preparada para la acogida. “Empezó a sentir necesidad”, la mayor necesidad es alejarnos de Dios. El Señor no nos deja
solos, nos proporciona recursos inscritos en nuestra propia naturaleza: la
conciencia como chispa del amor divino. También nos propone los mandamientos
que no son tanto condiciones para salvarnos como explicitación de lo que
necesitamos hacer. No son una imposición externa, sino la descripción para ser
más humanos y más divinos.
Es
muy importante alimentar nuestra la
conciencia con la formación en la doctrina de Cristo, no con sentimientos y
emociones, sino de la verdad revelada por Jesucristo. Examen de conciencia,
arrepentimiento y confesión. Volver hacia la casa del Padre. La dignidad del
hijo la recupera con la reconciliación. Acudir
siempre a la Virgen María.
El mejor plan para evangelizar es ir a Misa. (Sábado 17, 11:00)
La
Santa Misa, centro de la vida cristiana, actualización del sacrificio de
Cristo, presencia real de Jesucristo y banquete de comunión para nuestro
alimento.
Si quieres ser discípulo misionero, apóstol de Jesucristo, lo
mejor que puedes hacer es ir a Misa.
Has nacido para lo más alto, no te
conformes con menos. Busca algo más. (Sábado 17, 13:15)
Quien no vive como piensa acaba pensando
como actúa.
En el camino de la santidad hay que
superar otro obstáculo: la tibieza. La tibieza es una enfermedad del alma. Hay que luchar y
alzar el vuelo. Quien no lucha, su vida se va haciendo tibia, mediocre,…
abandonando el deseo de ser santo y el proyecto de Dios se va desenfocando. Los
Ejercicios Espirituales son la elocuencia de Dios. Hacer los esfuerzos que Dios
me pide y quiere. El paso de una vida con sentido a una vida tibia es fácil de dar. El tibio, aunque tenga fe, facilita que los demás pierdan la fe. Lo
que más le duele al Señor es que seamos tibios. Eres tibio si haces con desgana
lo que Dios quiere. Para amar a Dios no hay que hacer cálculos. Darlo todo,
responder totalmente a la voluntad de Dios. Un alma tibia tiene una fe sin
celo, una esperanza sin firmeza y una caridad son ardor.
¿Cómo
se llega a la tibieza?. Se llega a la
tibieza descuidando las cosas pequeñas, los pequeños detalles. Esos
pequeños detalles son los que embellecen la vida espiritual.
Piedad:
Rezar con el alma, con su motor que es el amor de Dios. La pereza va ganando terreno progresivamente y dejamos de ser señores
de nuestra vida. No hacer lo que Dios me pide me lleva a la tristeza,
desánimo, buscando escusas y complicidad
con la comodidad. Si cada uno cumple su misión se crea una gran sinfonía. Estar
alerta y no conformarse con poco. Lo poco, lo mediocre y la tibieza nubla la
conciencia. La crítica es fruto de la
tibieza para justificar el no superarse a sí mismo.
Quien no vive como piensa acaba
pensando como actúa.
El hombre vive de realidades, de obras y la realidad vivida configura nuestra
mente y nuestro pensamiento.
¿Qué
hacer si caigo en la tibieza?
Sinceridad. Ver en la
presencia de Dios cual es la realidad de mi vida. Con la crítica queda
justificada la tibieza y el desánimo.
Retomar una piedad
auténtica. Piedad es la relación entre el Padre y el hijo, correspondencia al
amor de padre que Dios nos tiene. Relación auténtica con Dios. Oración diaria,
sacramentos, contemplación de la Palabra de Dios,… Espíritu de lucha. Oración y
estudio.
Verdades de la fe,
amor a la Virgen y Magisterio de la Iglesia. La Virgen María remueve el rescoldo que pueda quedar de fe y lo vuelve
a encender.
Almuerzo. (Sábado 17, 14:00 h.)
Aprovechamos
el silencio de las comidas para seguir orando,
contemplando, escuchando al Señor y saboreando las enseñanzas del P. Andrés
Muñoz en las meditaciones.
Oración en familia (Sábado 17, 15:30
h.)
Aprovechamos
estos Ejercicios Espirituales también para iniciar a los hijos a los
momentos de intensa oración ante la
Presencia de Dios.
Celebra la vuelta del hijo pródigo
con un banquete (Sábado 17, 17:30 h.)
El impulso para amar a los demás no nace
de nuestras cualidades, sino del amor a Dios y del amor de Dios.
Frente a nuestra debilidad está la
inmensa misericordia de Dios. La obra de Dios es el perdón y la reconciliación. Nos
hacemos libres sometiéndonos a Dios. Aceptar lo que realmente está por encima
de nosotros. Vivir la triple relación
con Dios: amistad, filiación y de santidad.
La amistad con Cristo. Mirar al Señor crucificado.
Contemplarlo y experimentar esa amistad que nos ofrece cada día. Encontrarnos
cada día con Su mirada. Experimentar que
Cristo te mira con amor y ver como en esta mirada está contenida toda la Buena
Noticia del Evangelio. Amistad que nos irá transformando poco a poco. Es
una mirada de amor que te lanza al futuro. Recordar aquella primera ver que
fuimos conscientes de la mirada de Dios y de su ofrecimiento de amistad.
Miramos también sus heridas. Permanecer
con María junto a la Cruz. En la Cruz mendiga nuestro amor. Corresponder a
su amor y comunicar a los demás ese amor. Me atrae a mí, me transforma de tal
manera que pueda amar a los demás con Su
mismo amor. No es amar a los demás con
mi capacidad de amar voluntarista, con sentimentalismos, sino con Su mismo
amor, transformados por Su Gracia. El
impulso para amar a los demás no nace de nuestras cualidades, sino del amor a
Dios y del amor de Dios. Libre de intereses y de sentimentalismo, es un
amor sobrenatural. Es ser instrumentos
del amor de Dios. Revisar cómo va nuestra relación con Cristo. Meditar
sobre las cinco llagas.
Relación de filiación. Hijos de Dios en el Hijo. Recibimos la filiación divina en el
Bautismo. Del costado abierto de Cristo brotaron los Sacramentos y la
Iglesia. Somos hijos de Dios, vivamos como tales. Considerar frecuentemente que
somos hijos de Dios, empapémonos de esta verdad. No es un simple reconocimiento
intelectual, fruto de la filiación divina somos amados por Dios Padre. En medio de cualquier circunstancia Dios
nos ama y nos cuida. La misericordia de Dios nos llena de paz y de seguridad
ante las dificultades. Aceptar que una parte importante de la vida es
sufrimiento, pero que Dios permanece a nuestro lado.
Relación por medio del Espíritu Santo
santificador. El
Espíritu Santo permanece con nosotros eternamente. Por la vida de la gracia somos templos del Espíritu Santo. El
Espíritu santo se dedica a santificar modelando nuestra alma conforme al modelo
de Jesucristo. Es imposible acceder a la
santidad por nuestros propios medios, por nuestras propias fuerzas; es por pura
gracia de Dios. “Sin mí no podéis hacer nada”. Practicar la alabanza y la
gratitud. Desear y pedir las inspiraciones del Espíritu Santo. Estar decidido a
no negar nada al Señor. Vivir el abandono en la voluntad de Dios siendo dóciles
a Dios. Vivir el desprendimiento. Perseverar en la oración.
Adoración al Santísimo (Sábado 17,
18:30 h.)
¿Quieres
conocer toda la Buena Noticia del Evangelio? Adora al Santísimo.
Haré con vosotros una
alianza nueva: yo seré vuestro dios, y vosotros seréis mi pueblo.
Rezo del Santo Rosario. (Sábado 17,
22:00 h.)
Hemos
vivido una experiencia asombrosa, impresionante, sobrenatural,… de la mano de María Inmaculada hemos
experimentado la mirada de Dios que contiene toda la Buena Noticia del
Evangelio.
En la casa de mi Padre hay muchas
moradas. (Domingo 18, 10:15 h.)
El
lavatorio de los pies es un gesto complementario a la institución de la
Eucaristía. Contemplarle en la Oración en el Huerto de los Olivos. Allí asume
como propios todos los pecados de todos los tiempos. Es un sufrimiento morar.
Momento de angustia total que parece que no va a superar. Vio la corrupción de
todos los tiempos. Sufrimiento total por la traición de los suyos. Visiones de
la Beata Anna Catelina Emmerick. Sufrió por la traición de todos los tiempos en
relación a la Verdad, a su Doctrina, a Su Misericordia. Sufría más el alma que
el cuerpo. Cristo asume como suyos todos
los pecados de todos los tiempos.
Vuelve
con sus discípulos y los encuentra dormidos. La única vez que el señor necesita
el apoyo de los suyos, no lo encuentra. La pereza mata el ama poco a poco, sin que te des cuenta. Pedir perdón quedarnos dormidos, por no
“complicarnos la vida” y hacer el propósito de acompañar al Señor a Su pasión.
Velad y orar para no caer en tentación. Repasar la pasión. Su Madre y el discípulo
amado no abandonaron al Señor. El que tiene miedo no es perfecto en la caridad.
El mejor plan para evangelizar es ir a Misa. (Domingo 18,
11:00)
La Santa Misa, centro de la vida
cristiana, actualización del sacrificio de Cristo, presencia real de Jesucristo
y banquete de comunión para nuestro alimento.
Si quieres ser
discípulo misionero, apóstol de Jesucristo, lo mejor que puedes hacer es ir a
Misa.
San Juan por encargo del Señor se
ocupa de la Virgen María. (Domingo 18, 13:15 h.)
Los cristianos recibimos la gracia
suficiente para vivir ya como resucitados.
San
Pedro y San Juan salen corriendo hacia el sepulcro al escuchar el anuncio de
María Magdalena, Juan llega primero pero espera a Pedro para entrar en el
sepulcro. San Juan no espera a San Pedro por miedo a entrar sólo en el
sepulcro, sino por respeto al primero de los apóstoles, por obediencia al
Primado de Pedro.
Jesucristo siempre supera nuestras
expectativas. La
Magdalena por encargo del Señor anunció a los discípulos la resurrección de
Jesús. Jesús vence al madero y a la muerte.
Podemos vencer el mal con el bien. La Resurrección es el centro de nuestra fe,
esperanza y caridad.
Satanás
ha sido vencido. La victoria de Cristo
es nuestra garantía y a la vez una exigencia: el espíritu de lucha. Es una
verdad de fe que debemos creer y además fuerza para luchar. Los cristianos recibimos la gracia
suficiente para vivir ya como resucitados. El hombre redimido por Cristo
puede ser santo. Hay que acudir con
frecuencia a la confesión. Vivir en medio
mundo desechando lo que nos impide la relación con Dios. Jamás tomar una
decisión importante estando en pecado.
En
el Camino de Emaús, Jesús conversa
preguntando y suscitando preguntas hasta que se presenta a sí mismo como la
respuesta a todas las preguntas. En la Misa se le abrieron los ojos y
reconocieron al Señor. El Señor ha resucitado realmente. El encuentro con
Jesucristo transforma. El Señor les habla y les explica las escrituras. Es lo
que ocurre en la meditación de la Palabra de Dios que ilumina nuestra mente y
llena el corazón. El Señor les habla con la Eucaristía. Acudir a la Palabra y a
la Eucaristía. Quien descubre a
Jesucristo en la Palabra y en la Eucaristía, necesita comunicarlo a los demás.
Vivir con y para Cristo luchando y perseverando. El secreto de la perseverancia
es el amor.
Acudir siempre a la Virgen María,
ella nos alienta, nos cuida, nos une al Señor, nos orienta en el camino hacia
el Señor.








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